En más de alguna ocasión, al ver una buena película de terror, hemos sido cómplices de este fascinante proceso fisiológico particular del sistema límbico denominado "miedo". Y cuando hablo de miedo no me refiero al miedo psicológico e infundado que el ser humano ha desarrollado inútilmente a lo largo de miles de años; al hablar de miedo, me refiero más bien al miedo por naturaleza, ese miedo primitivo del que formamos parte todos los animales.
Inteligibles o no, todos los animales vivientes tenemos la dicha de ser "miedosos". Y es que a pesar de que sentir miedo es una experiencia incómoda y desagradable, paradójicamente nos ayuda.
¡Que no panda el cúnico!
Resulta ser que para los científicos, el miedo sólo sirve (primitivamente) para una cosa: Huir.
Definitivamente Darwin tenía razón al decir en el siglo XIX que somos el resultado de la evolución, y el miedo no sería la excepción. El miedo también es el resultado de la evolución, ya que los homínidos estaban expuestos a fortuitas amenazas como el contacto con animales salvajes o el hecho de ser partícipe de un acto de la desmesurada fuerza del clima, y esos eventos fueron los que orillaron a nuestros ancestros a que se prepararan de alguna manera para escapar de ese lugar lo antes posible y refugiarse en un lugar tranquilo y seguro.
Definitivamente Darwin tenía razón al decir en el siglo XIX que somos el resultado de la evolución, y el miedo no sería la excepción. El miedo también es el resultado de la evolución, ya que los homínidos estaban expuestos a fortuitas amenazas como el contacto con animales salvajes o el hecho de ser partícipe de un acto de la desmesurada fuerza del clima, y esos eventos fueron los que orillaron a nuestros ancestros a que se prepararan de alguna manera para escapar de ese lugar lo antes posible y refugiarse en un lugar tranquilo y seguro.
De ahí que hoy en día en cualquier forma de miedo que experimentemos, surjan éstas señales corporales fisiológicas que nos preparan para escapar: Los ojos se agrandan y las pupilas se dilatan un poco para ver mejor mientras que el corazón bombea sangre profusamente logrando que se propague adrenalina con mayor rapidez en el organismo. Consecuentemente aumentará la frecuencia respiratoria como resultado de la exhaustiva tarea del corazón, el cual sigue enviando sangre a todo el cuerpo y se concentra en enviar sangre a los músculos de las extremidades inferiores para poder correr y escapar. Ciertamente es común que nos paralicemos cuando experimentamos un gran susto, y esto se debe a que los lóbulos frontales (encargados de la atención conciente) se desactivan, lo que provoca que el sistema límbico sólo se concentre en la amenaza y dé como resultado una indeseable inmovilización.
Es por eso que "sentimos mello", y cabe destacar que hay de sustos a sustos, y aunque la gente finja no tenerle miedo a nada, realmente no deja de ser un animal, y por lo tanto responderá tarde o temprano a una inusitada y repentina amenaza. Dudo mucho que este tipo de miedo se pueda aprender a controlar puesto que como se ha dicho, es un miedo primitivo y fue desarrollado instintivamente por un proceso de evolución. Sin embargo; algunos miedos que se pueden llegar a controlar de manera paulatina son los psíquicos como por ejemplo: el miedo a volar, el miedo a fracasar, el miedo a morir, o uno que admito es personal: el miedo a morir sin antes haber trascendido.
Y tú, ¿A qué le temes?
