lunes, 12 de septiembre de 2016

Retrato hablado

Hace pocos días tuviste la oportunidad de cumplir uno de tus más grandes deseos. Siempre has tenido el deseo de tomar una fotografía de un personaje extraordinario y admirable. Sólo tenías un problema: Además de no tener una cámara profesional, nunca te sentiste especialmente afortunado merecedor del talento para la fotografía. No contabas con la técnica necesaria para captar extraordinarias imágenes y tus habilidades se limitaban a tomar un par de rescatables paisajes, frutos del azar y de las favorables condiciones climáticas. Como era de esperarse, tu notable incapacidad para tomar fotografías te orilló a refugiarte en la tristeza y el enojo. Después de un tiempo, la rabia se convirtió en motivación y de tu interior surgió una fuente de renovada energía. Ahora tenías un nuevo desafío: Tomar una fotografía de un personaje extraordinario y admirable sin necesidad de usar la cámara.

Tú: ¿Usted cree que cualquier persona puede desarrollar cualquier habilidad con disciplina y pasión? O se necesita forzosamente el "talento"; es decir, si me gusta mucho la música pero no nací con un oído musical, ¿Ya nunca podré ser un buen músico?

Alma Radillo: No creo en los que nacen sabiendo todo. ¡Creo en la disciplina y el esfuerzo!

Tú: ¿De quién aprendió la importancia de la disciplina?

Alma Radillo: Aprendí a ser disciplinada y perseverante gracias a mi abuelo. No fui la hija favorita de mi papá ni de mi mamá, y a veces ¡Eso nos motiva a ser mejores!

Tú: ¿Podría hablarme más de su abuelo? ¿Alguna anécdota sobre disciplina que la haya marcado?

Alma Radillo: Mi abuelo era español, de Castilla y León. Medía 1.90 y era un ávido lector. Aprendió a hablar y escribir inglés de manera autodidacta. No terminó sus estudios de Contaduría por venir a América. A las nietas nos enseñó carpintería, pintura con brocha y con pistola, electricidad básica, cambiar llantas y jardinería. ¡Era un narrador extraordinario! A él le debo el amor por los libros, la disciplina, la perseverancia y la paciencia. ¡Mi niñez fue increíble!

Tú: ¿Cuál fue su primer acercamiento con la arquitectura? ¿Viene también de familia?

Alma Radillo: ¡No! Mi papá es médico, mis tíos son empresarios. De pequeña leí un libro, Mundo Infantil, que tenía dibujos de granjas y casas. Corté trozos de polines de madera, los pinté incluyendo puertas y ventanas, y jugaba a hacer ciudades en el jardín de la casa. Después mi abuelo me regaló cajas de embalaje enormes (1.00 de altura por 0.50 de ancho y otros 0.50 de fondo) y con varias cajas hice una casa-club, cabíamos (agachados o sentados) unos 6 u 8 primos. ¿El techo? Primero con sábanas, después compré con mi "domingo" unas láminas de cartón negro, mi casa club tenía techo a un agua con buena pendiente. Un brasero o anafre afuera era el éxito de mi club, aprendí a cocinar y mis botanas eran muy solicitadas por los primos

Tú: ¿Y de ahí supo que quería estudiar arquitectura?

Alma Radillo: Lo supe hasta secundaria, cuando llevamos Orientación Vocacional. El test dio dos resultados: Arqueología o Arquitectura. Comencé a leer libros de arquitectura y ahí nació mi pasión por nuestra profesión.

Tú: ¿Cómo fue su vida universitaria? ¿Siempre ha estado rodeada de tantos amigos?

Alma Radillo: Secundaria, Preparatoria y la Facultad de Arquitectura fueron agridulces. Nunca fui la más popular. Pocos amigos, que aún conservo. Me propuse ser una persona con calidad humana, apoyar a los que vale la pena, tener la ética y el profesionalismo como bandera, y tal vez algún día alcanzaré la excelencia académica que busco todos los días. Por eso no he dejado de estudiar, de leer, de explorar. Sólo mi curiosidad por saber más es mayor a mi ignorancia

Tú: ¿A qué le atribuye usted que sus alumnos la quieran y la sigan tanto?

Alma Radillo: Creo que es por haber elegido crecer. El liderazgo significa preparación, disciplina, trabajo, actitud. Tal vez algunas personas lo ven y por ello son afectuosas conmigo. Mi liderazgo se construye día a día. No me conformo con lo logrado hasta hoy, ¡Quiero llegar más lejos! Y por cierto, uno de los secretos de mi pequeño éxito académico es ponerme en lugar del prójimo. Soy una mujer feliz, vivo a plenitud, todavía conservo a aquella niña vaga y rebelde en mi interior, no he perdido mi capacidad de asombro, y desde luego, respeto y admiro a aquellos que me han aportado lecciones. El amor no mueve al mundo. Todos sentimos amor hacia la familia, los amigos, las mascotas... Lo que mueve al mundo es la pasión. Pasión por lo que hacemos, pasión por aprender, pasión por nuestra Patria, pasión por la belleza.

Tú: ¿Cuál ha sido su mayor logro hasta ahora?

Alma Radillo: ¡El siguiente! No me gusta atarme a logros pasados, el mejor logro es el próximo.

Tú: ¿A quién admira?

Alma Radillo: Ludwig Mies van der Rohe, la Reina Victoria de Inglaterra, Mahatma Gandhi, The Beatles, Vincent van Gogh, William Turner, Jack London, Edwin Chadwick...

Tú: ¿Placeres culposos?

Alma Radillo: Haagen Dasz de vainilla, crepas de cajeta, natilla española (postres)

Tú: ¿Libros (que no sean de arquitectura) favoritos?

Alma Radillo: Los cuentos de Jack London. 1984 de George Orwell. Los cuentos de Rabindranath Tagore. El ángel sin cabeza de Vicky Baum. Viejas historias de Castilla la Vieja de Miguel Delibes, La libertad de elegir de Fernando Sabater.

Tú: ¿Lugar que le gustaría conocer?

Alma Radillo: Stuttgart

Tú: ¿Qué le falta por hacer?

Alma Radillo: Ser feliz, cultivar mi intelecto, crecer espiritualmente, tomar un curso de mecánica automotriz, tomar un curso de fotografía…